resulta que ayer recibimos una visita importante en el curro; bueno, dígase importante, dígase que se pueden dejar una pasta importante, y claro está, me tuve que arreglar para la ocasión. Más tapada y elegeante no podría ir, teniendo en cuenta que es julio y estamos a 40 grados. El caso es que como marca el protocolo en mi empresa, los acuerdos se desarrollan via comida de negocios. El cliente suele quedar muy satisfecho, y el bolsillo de mi jefe templando. Con la mejor de las intenciones habíamos reservado mesa en un prestigioso asador, donde sirven la mejor carne de la ciudad. Sin embargo, 5 minutos antes de la cita, nuestros importantes clientes decidieron que "querían comer pescado fresquísimo o, en su caso, una buena mariscada... "Bien! grité yo, para mis adentros; hasta que terminaron la frase: "...en la orilla de la playa". ¡¡¡¡¡aaaaaaahhhh!!!! hay mucha gente loca por el mundo. Te lo digo yo. Bueno, pues ni cortos ni perezosos nos fuimos a la orilla del mar a degustar unos exquisitos manjares. Ya desde el principio, el clima se iba enrareciendo, cuando al conseguir aparcar nos tuvimos que dar un passsseo hasta el restaurante, y nos ibamos cruzando con gente en bañador. En el restaurante no había aire acondicionado. Imagínate el típico cocedero de marisco, cutre, de los 70. Ventiladores en el techo tambaleándose, un olor a fritanga pegajoso, las abuelillas con el pareo, en el mejor de los casos, cuadros de nudos marineros por doquier. Oye, y un calor. Me acordé que a primera hora de la mañana me había molado el rollo Vogue, mujer de negocios; pero no creo que a Vogue le molase ahora mi cara sudorosa de maquillaje derretido. Ay, por fin conseguimos mesa para 12! uy, por fin nos atiende el camarero barrigón. La cosa se anima, se vienen arriba, están haciendo piña, ay no, ay no, pues si: piden paella. ahhhhhh!!! con el calor que hace! como vamos a trabajar después de esto?. oye, pues también, despues de comer nos vamos al tajo. El coche quema literalmente. Venga kilómetros. Hemos quedado a las 3 y media en un invernadero. (jajajajajjaj me vais a dejar que me ría). Es cierto! No es una ironía de las mías: Estuvimos a las 4 de la tarde en un invernadero. Bueno, visita guiada, pin-que-pan. Total que se piran. Ya nos llamarán. Y volvemos a la oficina. La gran sorpresa fue descubrir que el termómetro marcaba 46ºC. Y en la ciudad estábamos a 49ºC a las 6 de la tarde. Chungo, verdad? Ostras, es que me agobié porque algunas proteinas comienzan a desnaturalizarse a esa temperatura. Qué calor, tú. Qué mareo. Aparcamos.
- alga deshidratada: jefe, me quiero ir a mi casa, no me encuentro muy bien.
- jefone: muy bien hija, vete a casa y descansa. Yo me voy al bar a por algo fresco.
Pero...no! mi coche está al sooooooool! aaaaaaaahhhhhhh.
Bueno, le pagué a uno de los chicos del taller, para que me lo pusiese a la sombra. (a grandes males, grandes remedios). Mientras la secretaria me trajo un vasito de agua y siempre le estaré agradecida. Me tomé otros tres vasos de agua más. Me armé de valor y me fui a mi casa. Y a mi ducha. Y a mi sofá. Fin.
29/7/09
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